Olia extraño, y no era por mi insana reparacion en ciertos detalles, se veia extraño tambien, debo reconocerlo, es posible que tambien cualquiera lo haya notado.

Solo atine a decirle, ¡Tanto tiempo, maese!, hace mucho no conversamos tu y yo; de frente y como hombres. Tenia una mirada diferente, indefinible; tras la busqueda de la remembranza traté de conversar con el, como siempre lo había hecho, sin embargo, adverti que las insignias de su chaqueta habian cambiado de color.

Evidentemente, me vi envuelto es una conversacion aspera, carente de la suavidad que antaño era un sello. Busque, en sus ojos el espiritu, pero solo encontre cuencas vacias.

Temblo mi conciencia, me pregunte si finalmente habría muerto, y esto solo era un eco de mi nostalgia sufriente. Si tal vez residia en mi algun afecto, seria curioso.

No se si decir, que alguna vez fuimos amigos, pero lo que si se es que el llego a conocerme tanto como lo conocí a el.

Visita no grata, tal vez. Es que sus pasos solo podia oirlos yo. Ese aire subito, intempestivo, remecedor, me obligaba a remitirle mi atencion.

Enajentante, he ahi la palabra.

Ahora me lo vuelvo a encontrar (pero creo que no es el), y no se como tratarlo, se parece, a la distancia claro, pero carece de algo, un no se que.

A veces no se que pedir.

yo tampoco.